jueves, 26 de julio de 2007

EL SER Y LA LIBERTAD

Si pertenezco a un mundo de derivaciones saturado de pensamientos y reacciones a las cuales no puedo escapar, si declaro que mi libertad está sometida a la elección aparente derivada de una conciencia forjada por el contexto, y cuyas opciones son limitadas a las imposiciones externas, entonces donde encuentro la justificación para mis actos, de que punto puedo asirme para declararme un ser libre, si soy una resultante entonces la comodidad de la inactividad me seria entera, la consecución de los eventos me llevaría sin equívoco al fin para el cual “fui creado” ya se vea divinamente, socialmente o naturalmente, pero sin embargo, la angustia, “la nausea” que conlleva la existencia denota una realidad diferente, una existencia en la cual el devenir es parte del ser, tan de sí que resulta parte de su responsabilidad, parte de los elementos dentro de su jurisdicción y de los cuales sus actos y sus respectivas reacciones son parte de si, a las cuales no puede escapar y sobre las cuales pesa una responsabilidad histórico social que no puede dejar de asumir, cada cigarrillo que se fuma, cada guerra que provoca, todo degenera o genera un cambio futuro, al cual nadie puede escapar, nos sometemos, somos libres de escribir el destino? Volvemos al dilema, si soy libre de escribir el destino soy libre, pero la realidad es que mis opciones se limitaron a una acción primigenia que derivo hasta mi acto y proseguirá inequívocamente, mi conciencia forma parte de ese caudal, por tanto tampoco ella es libre de ser, es a si lo que debe ser, así asumo que debo tomar un rol, un rol universal, del cual no puedo escapar… si de esta manera confronto la condena de ser, me enfrento a la pregunta de ¿Cómo ser?... he ahí la angustia de la existencia, si yo no elegí ser, como puede esta existencia dotarme de la libertad, por el contrario me deja solo ante un mar de responsabilidades que me orillan a elegir entre un mar de posibilidades impuestas, condenándome aun mas, pero a estas altura admito la existencia de mi ser, aquel que sufre la angustia la incapacidad de dejar de ser, la necesidad de seguir, aun siendo consciente de la pertenecía de su propia existencia a un elemento superior, a un ser que no siendo es, una entidad no temporal que se presenta como omnipresente, UN DIOS que sin duda no es un ser divino sino una esencia de la cual deriva el ser… una inconsciencia generadora de conciencia… y en este estado de opresión buscamos la libertad, la añoranza de un momento ulterior…. Y en este campo nos detenemos, sabiendo que somos presos de un mundo en el que nos encontramos sin pertenencia, regresando al punto de ¿Cómo ser?... estoy aquí, siguiendo mis impulsos, siendo lo que debo ser… no hay manera de ser exento al contexto, de ser libre totalmente, pero asumo la conciencia de ser preso, asumo la responsabilidad, tomo el reto, me olvido del deseo de ser “libre” en tanto que rebelde y pasivo, acelero cada instante a fondo, no deseo, convierto el mundo convirtiéndome, “hacer haciéndose”, trato de perfeccionarme, asumo la vida que me toca llevar, y la llevo con perfección, deseo la única recompensa posible en esta vida, la trascendencia, todos nacimos para pertenecer a la historia, porque de una manera u otra la conformamos… Que nos dista pues de hombres y mujeres trascendentes?

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